HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

un silencio
muerde mi suelo
escupe el sepelio de una rosa
masca chicle en tu cuchillo
empuja la puerta que tras la puerta da a la puerta y todas las astillas a un fuego escrito con pis de perro en la herida de tus ojos

yo la vi caer
tantos años
avasallada del amor, del aquí, de la ternura de la pobreza del trigo
con los ramos secos de marzo haciendo carantoñas en la nieve y en la guerra

la vi desear morir
con cada página ya leida de sus libros
de los ojos como jeringuillas succionando de sus ojos, la primera piedra

la vi enterrar a sus padres
como se deja a deber una muerte al sol

cubrirse con niebla el fondo de su verdad
para que sólo la pueda oir la lluvia sobre los cipreses

y no importa que fuera mi madre
en sus huesos los míos tocaban un piano de insomnios sin casa y sin placenta

y como yo
hija de los barcos que naufragarán
bebió de la noche, todas sus habitaciones
sin temblar el precipicio
de lo que la tierra tragará

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