HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

vamos mendigas
de la voz que dejaste en esa soga
pisotear en la hojarasca el alcohol cautivo de la flor
cuando te fumaste siete rascacielos y el túnel del metro
pegando en mi boca la fortaleza de tu infierno
e inhalando de mis pulmones la tinta derramada de un verso presidiario que la mar enjauló en tu pecho con mi sangre
y a las impares de un torre volada por los brazos de la galerna
tus agujeros de viento y metralleta
sangraron en mis suelos la ropa vieja del difunto
y en tus hombros los cuervos de mi alma amainaron la tormenta de la retórica
cuando te pusiste literario para destazar la carne cruda entre mis senos
mientras una página se borraba en la vulva de la mar
y tu oscuridad cerraba el hexaedro de mis infidelidades en un mundo que no habíamos tenido para poder callar y acabar de una vez con el vino y la luna

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