HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

conozco todas las nostalgias
menos la de la muerte de, que aún no ha venido
y cuando venga, seré yo la página de la muerte y su bolígrafo
seré yo el aliento del último acto y su prevaricada indigencia de luna

he llevado en mis brazos
los cadáveres de muchas de las que fui
y de las flores de invierno sobre tus asesinas lágrimas

ya no me entran más huecos en el corazón, ni más nombres en los duelos

soy voz de líquen en el granito
soy el deseo que hizo saltar a tu suicida por la ventana
y al estallar el cráneo contra el suelo, era yo la sangre de la espina de tu rosa, negándonos a los dos, la fe y el cuerpo

ya he enterrado a mi oficio y a mi porvenir, a mi casa entre sus casas, a mi nombre de su voz, al abrigo entre sus cementerios y fábricas

soy como cachorro de loba
cuando su madre ha sido batida por la bala cobarde y asesina de un apestoso humano
soy el alimento de la nieve y de la ausencia
todos los exilios de la palabra en mis ensangrentados cuadernos buscando mundos que nunca existirán

mi certeza en la flor de un peral bajo la helada negra
mi camino son los ojos de mi perro, más allá y más acá de lo que alberguen las palabras

la historia que comprende mis incendios
sólo vive clandestina en mí

soy incapaz a romper el espejo de la caverna
y asir a un humano a mi piel ni en mi lenguaje

soy incapaz a desencriptar mis metáforas en la otredad

mi soledad es mucho más profunda
de lo que mi soledad habla con el sol y con la muerte

mi soledad
tiene cien ejércitos cuidando de los lirios en el infierno
cuidando de ella misma, contra cualquier humano y contra mí
mi soledad
es la expulsión de un carnaval macabro
que hace que mi soledad cada vez esté más acorazada y sea más insondable
ni yo misma comprendo los sentimientos que ella embruja en mi dolor y en mi esperanza
ni yo mismo puedo hacerla hablar sinceramente frente al mar cuando me roe el espanto

mi soledad
te traicionará siempre
porque no soporta que yo la traicione
y ante su desequilibrio, ella clava marmóreos cuchillos en mi pecho
para que vuelva a ella, desarmada y gas, de sus grutas

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