HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

al poema le dejó de importar
que flor rascaba en tu sepulto mi lágrima de etanol
qué final para los dos que devolviera al camarero la humedad engalanada del cuchillo
y porqué, tendría que respaldar la segunda persona, el llanto de la cortesana en tu pecado

ya no buscó la belleza
ni el trato de la fe
no hizo en el campo de minas las líneas de tu mano en mi muerte

se olvidó porqué esa cuchilla
empezó en invierno a decaer
y se puso vulgar tu esperma en la cortina del baño
con todos esos brazos, suicidando las migajas que los pájaros envenenaban con nosotros dos

se la sudó el mercado
las gracias, el amor de
el champán en los edredones cubriendo la sangre
y esa cocaina cerca de las vías del tren para ver si por una vez llegamos cuando aún sangraba el cordero en la mesa

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