HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Creo que hoy iré al pueblo, tengo que dar de comer a los gatos callejeros. Me gusta el desencanto de diciembre.... las ínsulas del desapego, de la territorialidad de la ceniza y el pólen, en esos lugares deshacendados que han llenado de golpes oceánicos la extinción de los alfabetos.
Anoche me desperté a beber agua, a las 4a.m. Tenía mucha sed. E hice también un zumo de naranja. Estaba soñando que hablaba con K. En mi sueño él me quería, quería saber dónde había estado la luna y los golpes de ojo de buey en el fango. Cuando volví a la cama, pensé que sólo era un deseo torturado. Y me enfadé conmigo misma por haber sentido durante un instante otra vez ese deseo y esa esperanza. Hace ya 3 años y medio que se acabó esa historia. Sin ninguna posibilidad ni para el vino ni para el poema. Yo traté de mantenerla intacta contra mi propia vida en el escalofrío de la mar. Pero la locura y la estupidez del romanticismo, también se aburre de sí misma y se corrompe. Cien veces ebria marqué su número y llené de poemas su buzón. Le escribí cientos de páginas que se las di a los cuervos. Tuve una fe suicida al lado de su tumba.... hasta que se royó en mi hueso, toda la decadencia. Buscaba otro destino en esa muerte. Buscaba algo que no era posible ni en el delirio ni en ningún mundo. Y al final sólo es el agujero, la esdrújula decepción de los que alguna vez fueron lava y olvido. No sobrevivió el poema. No lo hizo ni la belleza ni el recuerdo. 
Fui especialmente obsesiva con ese amor. Pero acabó donde acabaron todas mis historias. En la punta del cuchillo. Empujando el camino de los lobos esteparios y el de la literatura. Perpetrando el escepticismo contra la otredad. Camino de caracoles con pasamontañas. Alzar de los que se paren a sí mismos en la extensión del vacío.. y expulsan la galerna donde sólo los animalarios han reconocido los ojos y el latido.

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