HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Dan las impares de un rayo de sol clandestino entre tus vídrios. Y hemos malpagado el fuego de los castaños entre lumbres de espejo que en tu casa golpeó también todas mis soledades. Y subió con tu alcohol alcobas desconchadas en las aspas del exilio.
Hoy seguimos el camino de los grillos y de los líquenes, del hueco ensalivado entre los dos verbos de tu olvido, ausentando las calles del fondo de la ginebra. Y vamos, encerradas en la punta del cuchillo insistiendo la paradoja del cielo en llamas que te acunó en los precipicios de mi ausencia.
Sin culpa y sin ganancia. Sin tu caricia, sin tu razón y sin la mía. Arboladas como un puesto ambulante en las voces de la madera quemada cuando por fin te callas, miras la noche y las estrellas, extenuado por los golpes del monzón dentro de los libros perdidos.

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