HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Dentro de un par de horas iré a vacunar al perro. Mientras todo se pone algo triste de las frases no acabadas, de las botellas derramadas en los botones de tu abrigo, mezclando las margaritas y la nieve en un historia imposible. Con todos esos descosidos ensañando los tejados de la selva en tu tinta vencida sobre el cuerpo de las urracas.
Y todo es extraño y extranjero del conocimiento que tiene de ti el alfabeto en la tiza del muro dibujando un ojo de buey en medio de la muerte.
Fallecen los violines en la escarcha de tus labios pegados a mi vida como el puño americano del olvido.
Y algo clandestino alza tu memoria en mis escombros. Ya eres inasible para la huelga de trenes de los fuegos de san telmo torturados en una página vacía.
Un rubor te alejana cada grito oculto de la belleza y te acuchilla de mi pacto con el exilio, como sangre fresca de paloma tiñendo mis vestidos con la profundidad de la noche marmórea de la que nadie vuelve.

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