HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Dos o tres veces al mes, se muere mi escritura. Como si le robara la tinta a la vagina de una monja de clausura, y se diera latigazos de cristos constreñidos en el ojal y el botón.. mientras los payasos se acorazan de dinamita para matar la jolgorosa y cortante risa de los niños usando tu corazón.
De vez en cuando, me hincha el suicidio del alfabeto... el canto de la sidra en tu penumbra.
Y voy mal nacida de tus favores, rondando tus bares, tomando tus taxis y tus pretextos, llorando sosa cáustica en las piedras sobre las que lloras.
Como una muerta viviente del amor eterno y condenado a tu jugo gástrico. Succionándote las enfermedades del tiempo y negociándolas en un papel retorcido. Y entre esos instantes que distan un sepelio y una lluvia de cadetrales aplastando a todos los creyentes, mi amor se hace una cordillera y un embudo, de todas tus ausencias. Y mi vino desafina tu inmensidad con la precisión psicópata de las airadas del vacío que en mis manos abrazan tu destierro.

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