HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

el absurdo... encharcado en los cadáveres de tu escritorio, magreándome pájaros donde la cuchilla derrite en ese desierto la arquitectura de tu nombre encaramada en esa tormenta que destaza los cuadernos, y el doblar de la ausencia mis arrugas de luz, el deseo de amarte muerto de sed, agujereado por noches que te dejaran en cueros ante el espejo lisérgico de esa insolubre gota de sangre que dolí todos tus escarameos en el escenario en carne viva de aquél beso de etanol, cuando ya no se podía cruzar la salida y despetelaba la luna ese escote que te galopó la heroina cuando ya no era posible agotar en los bares el duelo que el viento deliró en tus ojos abierto como cristal líquido en la madrugada que no nos aguantaría el grito ni la piel

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