HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El amor y la desbandada de tus pócimas noctámbulas en la curvatura del suelo desvalido como guantes en tus manos cuando tocas el piano como la memoria del asesino y hierve la mandrágora en los instrumentos del odio, el primer sueño convulso e incendiario, de tu casa pobre, en el extremo de la marginación, diluviando la máscara de plomo del silencio cuando juega a matar en el fondo de tus lienzos los nombres que te dio el manzano.
Y yo soy ese accidente despejado por una X. lasciva que intromete mi matadero de versos donde tu sombra atada a la ginebra maldice nuestra patria de fantasmas y espejos del delirio. Y la asimilo en el cáliz que me ofrece el sol desde tus hoyos, porque eres lo más parecido a la carne cruda y la esperanza. Lo único capaz a penetrarme el otro lado de la noche cuando seseo en el asfalto la ordeñadora del olvido ciega de copas y de balas. Cuando abro las manos y tomo de los muertos mi memoria y me congela tu respiración la fígura del mirlo en mi ventana. Y me someto jauría y abandon a todos tus gritos, porque eres lo único que sigue cuando se detiene la mar sobre mis hombros con el peso de todas las tumbas.

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