HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El pico esta cubierto por la niebla y cambia completamente la silueta de la montaña.. y el sorber de la melancolía en volados puentes entre tu espejo y el mío. Mi camino va hacia el silente de la faz de un perro reflejada en la mar, con un columpio de algas, sustituyendo los pozos de la soledad por las grietas de un poema en tierra de nadie.
Yo no estoy muy acostumbrada a las guerras en el mundo social... porque algo de mí nunca se separó de los ojos de un perro.. y allí siempre entré como extranjera y como advenediza, abstraida por la Osa Mayor, por los cascajos de amapola en celo, por la hervidera de un firmamento oblicuo.
Pero eso no quiere decir que sea indiferente. Y a veces también me jode... que los rollos de los otros quieran enrollarme y usarme de chivo expiatorio de sus infiernos y laberintos. Me jode que vengan a proyectar en mi vida, anacolutos de la suya. Me jode esa violencia entre el institivo poder de los humanos. Sé que todo es una selva, un teatro, de enamorados bailes y desventuras, de ideales y distopías, de los mil y un espejos del Fauno y las cicatrices de opio. Y cada cual tiene su marmita mágica y su propio éter descifrando los significados, acorazándolos o desahuciándolos, liberándolos o queriendo llegar a una teoría o la iluminación o a la vagabundia y el navegar, y todos tratamos de sobrevivir y cantar. Cada cual engatusa a sus verbos como quiere. Y en la exteriorización social es inevitable la trampa del teatro. Yo he solido acudir desapegada, a veces deconstruida, en la profundidad de la deriva, a veces bajo la atración de la hoguera de la despersonificación o el vaho.
Y me gusta amar lo que ama, lo que me hace reír, y me vuelve los ojos más buenos... más libres, lo que me empuja al valor, a la resistencia y el sueño... lo que hace que mi voz sea en la pangea, siga siendo liberada, y ame.
Y en estos caminos también he hallado a personas que venían con la violencia de su propio mundo.. e hicieron daño a la fragilidad de mi éter. Y ofrecieron oscuridad y muros y egos. Como si te miraran por encima y creyeran ya saberlo todo de ti.. sin contar con la evanescencia de lo estepario, del dadá, de la historia del ser entre las odiseas y aquerontes. Y tal vez yo también alguna vez hice eso. Porque en lo social a veces hay una esquizofrenia visual... algo oscuro y triste.. cuando no se entrega a la alegría del LSD y a la humildad de los animales.. Yo he solido ir con mi derrota firmada de antemano, pero cuando algo me harta y deja de despertarme la pasión y la querencia...  también saco la negativa y el hacha, y también cierro puertas y sigo buscando al lobo debajo de la luna... sin el pronombre, sin la interferencia.
He vivido el aislamiento durante mi adolescencia. Y me hice bastante esdrújula de la idea y la comunicación común. Sin lo poético me parece una infamia y un retroceso, un prostíbulo de sentires y escalofríos. Sin la metáfora se me hace insoportable.
Creo que en esa bifurcación entre el mundo interior del éter y de los pájaros, y la exteriorización social... y sus presidios.. que empieza desde que nacemos, se genera una patraña y juegos de multitudes y de farsas... que lobotomizan al fuego del ser pero también lo liberan en el extremo del etanol del teatro. 
Hay personas que saben vivir en esas corazas sociales de forma natural, porque siempre han estado entre ellas y son dependientes de lo social, se autoafirman a través del enfrentamiento o el recibimiento del amor de los otros, a través de la pelea, o la mística entre los otros, forman su identidad a través de la otredad.. y todos los mundos cívicos. Y hay otras, las esteparias, que se cuestionan hasta el delirio la trampa social y su propia identidad y desarrollan su pensamiento y sentir en lo solitario. Yo soy de éstas, por eso soy también a veces completamente paralítica de los mundos sociales. Gaseante, triste como todas las piedras de una playa en el silente de los cangrejos.

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