HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El silencio... las huellas del espejo hechizado por lo irreparable, desorbitándote de la luna encayada en el cuchillo del vals, a la deshora y el sepelio de un hechizo de oblicuas llaves de la guerra, pulverizando el umbral que al final sólo cruza el poema que nunca se deja hacer ni tocar y tu camarero ha llorado abrazado a tu silueta derruida cuando era muy larga la nieve en ese asfalto de todas las despedidas.
No nos podemos sostener demasiado tiempo en ninguna batalla ni isla.
Me he ido de la sociedad... mi alfabeto es pis de brujas, mi sueño es un mundo que aún no ha nacido. Voy hacia la soledad porque lo otro no va a ningún sitio. La soledad promete traer la lengua del colibrí. No tengo ni puta idea de qué hacer con las palabras para detener el abismo, ni con los hechos, sino ajar el amor de los pájaros a mis sucias ventanas de libros descatalogados en tu voz cosida a puñaladas en el corazón de los corsarios.
No existe un pronombre que vuelva equitativo el espanto. Por eso todo a mi alrededor es una fantasía, yo soy su secuestradora y su burka, soy su lápiz de labios profano de absenta, sobre la llamada de la grieta succionando en tu melancolía mis fotos rotas. 
Ya no voy hacia. Ya no secundo un Ideal, ni tributo en la muerte, ni la palabra ni el quebranto. Hay una eternidad rodeándome. Juego sola cuando las paredes traen cadáveres a mi escritorio. Me alejo de la humanidad para acercarme al sol y a los perros. Mi fragilidad ha sufrido heridas de muerte que me imponen la literatura. Mi sentimiento es gaseoso e infiel. Me dedico todo el tiempo a espantar a la inexistencia con armónicas y con anguilas. Si nunca me hubiera dado por escribir hoy tendría un barco pirata y me dedicaría a hacer ejércitos de eternos inmigrantes sin papeles contra todos los paises.

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