HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El silencio. La ajada lluvia descolgada en tus cuerdas serpentinas.
La manipulación de la prosa en tus dedos sucios arreglando la cadena de una bicicleta de caminos volados por los aires en las polillas de tus ojos.
Jugar con Kavka. Irme con él todos los futuros.... es un regalo del universo, es lo más parecido a la perfección en la desnudez de los ojos, en el latido verdadero de la palabra cuando muere.
Acá hay muchos fantasmas. Heridas en los sentimientos que cicatrizaron a través del cinismo y el whisky de los arlequines en las cenizas de una ciudad ahorcada sobre el óleo.
Ya no voy hacia ningún sitio. Pego mis ojos al sueño de la nieve. Lavo las grietas de la pared con el perfume de las hiedras. Urdo entre las tumbas el corazón de una extraviada golondrina.
Mías son todas las nostalgias que se retractan contra el nombre y los hechos.
Me es inaccesible el mundo de la gente... me yazco de la pasión de la ceniza y me ato a los mástiles de un iceberg escondida en una caracola.
No tengo fe en el ser humano, ni en la palabra, ni en la fe. Todo es más perverso de la humedad de las noches estrelladas cuando la helada congela en sus tuétanos los labios de un duende.

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