HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El sol de diciembre. Su pitonisa en paro, agujereando de los sótanos la súplica de tu jeringa.. golpeada en mi hueso enterrado por el perro donde el abedul se desata y la nieve cierra tus lágrimas en un libro que no volveré a abrir.
Hoy nos vamos donde  la palabra no sujeta, ni el camino permanece.
Soy del vaho, por exceso de derrotas. De botellas de vino que empezaron en la luna y acabaron 200 metros bajo tierra con un agujero negro en la memoria. Y me desperté llena de moratones en la habitación de un desconocido. Con su tinta cosida a balazos en el sol que sacaba la guillotina y el hambre.
Somos del éter... porque ningún canto acabó la frase. Ninguna ruta fue determinante. Ningún beso curó el espanto. Ninguna pasión cruzó ilesa la jauría.
Porque mil despedidas retractaron el cerebro de mi espantapájaros.. y los cuervos del maíz tuvieron antagónicos sepelios en mi alma.
Soy una vagabunda que vivo del bolsillo ajeno, porque en el mío sólo entra la luna y la alucinación del temblor del jazz matando a la burguesía.
Soy infiel a todo lo que soy. 
Sólo sé escribir. De lo otro soy una oruga esperando las alas para  no volver.
Lo que me hace vivir no es de éste mundo.
Ya no soy ni mujer ni me excita el ser humano.
Vivo en el metadiscurso de una lombriz comiendo tu cadáver.
Y en el agua que se evapora y forma una nueva profundida en la lejanía y en el anacronismo.

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