HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El sol del invierno siempre tiene una atracción voraz sobre la belleza en el destierro del camino.
Senda de flotantes luces de san telmo en la canción  de los sepultos, cuando todo es tundra y adiós. Cuando los pasos llevan a la letanía y fiesta de la mar, en el pecho armado de las algas sobre lo que no hablará.
Son tantos los kilómetros que me separan del poso de tu vino, que la ventana es también crucifixión de margarita, golpe de etanol y vientre de ausencia. Cada noche, hay una tumba más entre nosotros. 
Sangra a veces en los márgenes de ese viejo libro. Suda la mandíbula de tu guitarra en un raja del horizonte. Y embarga cuando vuelven las torvas de nieve, mi voz de tus naufragios.
Todo me posiciona en la antagonia de tu luna. Menos las hilvanadoras de la madrugada en los sopletes de los tangos. Y se vuelven tormento, autopsia de poesía, campo estercolado por el humo, donde nunca se rozan dos labios.
Algo inamovible permaneció atándome a tus sueños. Pero ellos te vieron morir a balazos en el cáliz de mis olivos. Y acudieron al entierro congelándome la retina en el grito de lo que se aleja.
La nostalgia es cruel y absurda, porque tienta a mundos que no han existido. Y si guarda en su suburbio intacto un sentimiento, se vuelve su soga y su tierra destruida.
Mientras el viento me lleva al magnetismo de la caja de pinturas sobre el quebranto del blues haciendo allanamiento de morada en la casa de la madre del olvido. Robando su alcohol y su futuro, mientras los álamos me arrancan contra tu pais como dinamita.
Y te he perdido, con extremismo de todos los lugares donde llega mi poema y mi sombra. Y aún así, es insaciable el cristal del espejo que rompe en el acordeón de tu duelo.
Me doy a los chopos y a la risa de los perros. Mientras el moho de los almanaques estusiasma tu coma etílico en el error sintáctico de esa esquela. Y te lloro, pronunciación de la nada en el cuchillo de polvo que me despierta amarrada a los mirlos que en la helada negra no dejaron de cantar.

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