HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El sol empieza a desaparecer del valle y la sombra escala la montaña. Hay un silencio... un apetito de mandrágora bajo la profundidad de lo perdido... calzando el encuentro de la sal en las alas de cartón de tu niño suicida dando vueltas a los álamos desde aquél presidio que tu nombre cierra en mi pecho.
Ya voy a salir al monte. Hoy quiero escribir sin letras, oirme en la naturaleza, hallar allí el significado que tan desesperadamente busca la escritura en el engaño de la evocación y la comprensión que taladran las palabras sobre lo inútil de un papel. La poesía vive mejor en aquello que no utiliza el diccionario.

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