HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El teclado del ocaso.. en tu suelo viejo y agujereado, por golpes de viento en los ojos de cartulina que golpearon en la combustión de las ruinas de aquél almanaque cosidas en mi cuerpo, la erosión de rutas de lluvia y de barro donde se ocultó de tu noctambulario del gesto de montaña derretida de aquella lágrima, golpeada como una tumba profanada en el empuñe de tu cuchillo, posando en mi escritorio la prosa marmórea de una tierra desaparecida.

He andado demasiado sola.. con tu sombra en el caldero de cabezas de pescado, arriesgando un Imposible al grito que tus labios cercenaran en los bares para poder irse. Y sin embargo con esos avisperos de tierra removida mezclando el cascajo con el maldito sepelio que no pude secar de los puños de tiza rompiendo en mi desvelo la inclinación de esa sangre en la continuidad de la pérdida, como si no pudiera tocar fondo ni asir en las bicicletas de etanol, tu hueso roto, para detenerme de la patria de muertos y robarte una flor.

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