HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El temblor de ese camino tragado en los brazos del fuego, soplándote la continuidad de palabras enmascaradas bajo el ámbar de esa cuchilla acusándote el espejo donde mi vida no ha llegado. Donde tu rostro, es ceniza combustible y metamorfa que ampara el incendio del diario donde tu buzón es un hueso del carbonífero, amamantando la lumbre del fondo de la tierra cuando la letra es una soga abandonada en tu cama.

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