HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Entra el sol por la galería.
Sale tu rostro quemado de la arista de mi escritorio.
Flota y se lo comen las nubes de la nieve.
Algún día nos dejarán en paz, pero con la pistola en la mano.
Algún día no te dolerá la tierra herida de mi pasado, como el alter-ego de mi muerte.
Y sólo serás canción y absenta.
Perdón de bestias enamoradas, matándose en la albura del fuego.
Perdón infinito de la anchura de la luna.
Redención en el infierno, cantando la flor prohibida.
Algún día no te reprochará el Imposible haberte muerto.
Volveremos animalario e inocencia al aquelarre de los perdidos.
Como copos de nieve en los morros de los ciervos.
Como la ausencia pagando el billete del tren y la esperanza.
Sin que mi herida tenga gotas de tu semen. Sin que mi muerte tenga tus lágrimas.
Sólo seremos amor, desarmado y sin destino. Amor de chinches y de rayos. Amor sin planes, sin casa ni columpios. Sin recibos, sin qué bueno era el día que murió. Sin deudas con la guitarra ni con el camarero. Sólo amor. Sin luto de balcones. Sin postales del delirio. Sin reclamo de estramonio. Sin martillos, sin monedas, sin la sombra del negrillo en la letanía de nuestras liebres. Sin mendrugos. Sin corazas ni vestidos de novia. Sin profilácticos ni todavías.

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