HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Es raro el poema, huérfano, colgado de la salvia divinorium, haciéndote de letanía y de morada, en un lugar donde ninguno de los dos creemos en la palabra ni en el tiempo. Donde no es un salida, la metáfora, ni el cuerpo es limítrofe con ningún otro cuerpo. 
No hay diferencia entre bajar y subir. Ni entre tomar y renunciar. No hay frontera ni centro, en ninguna idea, ni la intención es recíproca ni golpe seco de ninguna casa. No somos en comparación a ninguna probabilidad de existencia. No hay moral, no hay servidumbre ni alimentación de ninguna cultura ni sistema de creencias. Somos como los peces que quieren ser cocodrilos o rayos.

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