HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Es una época rara y violenta, bipolar y semilla de manzana en las rutas embarradas del jazz haciendo cicatriz en tu nombre... a veces subimos a 200 por hora a saltar en la raíz de la lluvia.. la belleza etérea de lo impertenecible y a veces caemos 300 metros bajo tierra la atracción de la gravedad de los huesos de los ciervos. La fe dura poco. Pero algo se resiste sanguinariamente a renunciar y a pararse. Aunque a veces me atormente el cansancio pego una ola de mar a mis tímpanos y sigo el estruendo de la madre tierra como si lo mejor estuviera por llegar. Como si esa bala no viniera hacia nuestra frente.
A veces tengo la nostalgia de esa inmortalidad de la infancia y la adolescencia, donde todo era posible y los sueños mataban a los aristócratas y bombardeaban la escuela, la pared, el supermercado, las amarras, los futuros de la servidumbre al capital. Como si pudiéramos vivir sólo del aire... siempre de bruces entre chimpancés y aquelarres que la mar devolvía a la pobreza del camino y de las manos. Siempre enamoradas sin heridas, sin muros.  Gritando lo inapropiado, lo ilegal, y sintiendo en el pecho las sirenas y el canto de la revuelta.
Hoy el mundo no es un lugar seguro. La muerte baja las escaleras. Tenemos que aprender la conga para hacerla bailar. Tenemos mil y una derrotas... en el cartucho de las montañas arboladas sobre los halcones... y esos grajos que conocen los colmillos de la mar.. empapando los huesos de todos nosotrxs.. mucho antes de que la palabra pudiera salvarnos.

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