HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Esa luz evanescente en el fondo del escenario, en la mano de madera de ese muñeco que invocó en tu alma la razón para que lo dejara morir mi diario. Al susurro de una palabra de las quillas, cuando insolventes patadas a la puerta movían la maquinaria de tu reloj en el quebranto de mis piedras.
Todo ha sido muy raro. Enamorado y quebradizo de una luna llena en el oradar de tus viejas botas cuando mis escaleras hablaban de Hamelín en tu oscuridad y robábamos esa botella para descreer la certeza de los marchados.
Pasaron muchos meses. Equivoqué mil noches la lágrima peremne del horizonte. Y le puse tu rostro al olvido para  manipular la pobreza que detrás empujaba todas las curvas.

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