HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Está amaneciendo. Aún estoy dormida. Hay un silencio muy hermoso. Un tinte de niebla.. de una pasión melancólica y gaseante. Un horizonte que se muerde en la humedad y salpica canciones de peces y de frío.
Ayer llegué a la conclusión de que la múltiple identidad había separado el yo que había recibido el daño, de mis conversaciones con la salvia y con la noche. En algún momento de mi infancia tal vez.. alejé de mí a una parte de mí y la cautivé en la metáfora de la extinción.. la dejé incandescente en el grito pero ya no arraigada a mi experiencia. Como si le hubiera pasado a un ente o a la metafísica, al pensamiento en su contradicción, en su embestida o en su renuncia, pero no a mi piel... ni a mi alma.  Esta disociación fue parte del motor de la poesía.. y de los insomnios.
También vi en mí misma, ciertas actitdes sociales, cuando me da un ataque de compasión o de amor, ante un conflicto ya se me olvida completamente el yo que se había enfadado o sentía rabia y violencia o rechazo o un desencuentro de principios, olvido del todo sus motivos e incluso tengo un sentimiento de remordimiento por no haber visto el AMOR. Y en lugar de estar integradas las dos perspectivas en mi instante, funcionan de manera independiente y obsesa. Por eso cuando me da el ataque de la filantropía y el sueño... se queda cautiva en mí la zona más salvaje y violenta, la del verbo y la sangre..., y del revés. Por este puto motivo, entre las relaciones sociales siempre me siento una farsante. Y cuando ocurre la dualidad.. mi inconsciente insatisfecho me envía monstruos y calambres, ya sean de luz o de oscuridad... porque algo quedó sin esclarecer. 
Ayer en la noche.. recordé el problema con la policía y su violencia.. y tuve la sensación de que yo tennía dos cuerpos, uno levitando al lado del mío en la cama. Algo extraño y evanescente. Y por un momento quise recordar en mi piel, en el alma, el yo que había recibido ese daño, y todas las otras violencias y desventuras... del resto de mi vida. Pero tuve la sensación de que ese otro cuerpo se llenaba de unas raras telas como una momia... y también un miedo a sentir otra vez las heridas y como un acceso imposible.

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