HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Está bajando la niebla. Se oyen gallos y ladridos. Mi soledad empapada traspapelando tu memoria a la oquedad armada de luces intravenosas en tus poemas tirados al cubo de la basura. Y a lo lejos, poblados congelados en el silencio de los cuervos desfiguran tu cercanía de todas mis piezas de barro.
Echo de menos la nieve. Aunque hay algo muy hermoso en el monte.... con ese orbayo navegando imposibles puntos cardinales.
Con mi casa llena de despedidas des-limpiando el polvo de un piano de alucinaciones y sal. Como si al fin hubiera llegado, precisamente porque todo es insostenible. Porque es vagabundo. Porque nadie pregunta dónde se quedó a pie de guerra aquél libro de tus sueños de espigador. Y la soledad vuela, no me retuerce ancla ni motivo. Se esparce, expresiona mis yoes, mi vida y mis ausencias. Yo miro con fijación los chopos mojados. El olor de los líquenes de las tejas. Mi ropa vieja tirada por el suelo. Se amortigua en el silente.. el cuerpo desarmado de la sombra del girasol. Gira tus manecillas. Me deja abandonada con la cicatriz de un bolígrafo en la mueca de la tierra. Y despacio se forman charcos que tus noches golpean en mis cajas rotas de zapato. Te amo y nada permanecerá, tampoco tu nombre en la lumbre de mis negrillos.

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