HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Está muy bello el paisaje. El escenario descosido de tu vino... en el enjambre de las golpeadas puertas de mi incredulidad.
Tocan los tambores los bigotes del gato punk entre la nada y el exorcismo del sol derritiendo tus muertos y acostándolos en mi cama como cascada de rosas.
Hasta aquí no me llega el perfume de una civilización. Me embosco en la huella dolorida de la urraca sobre la bañera con hielos de esa torturada locura, cuando todas las frases empezaban en las heces del murciélago hacia el polvo de la lluvia.
Tengo la sensación de vivir sobre la eternidad. Con un vals de mis ahogadas sacando punta al lapicero que devuelve vino al romántico suicida de tu puerto y que no unirá nuestras almas.. ni nuestros huesos cuando llegue el fin.
Mi vida... no se da en la sociedad, ni en la cultura. No se da entre los almanaques ni ningún camino. Mi frágil cotidiano es un verso, Alicia detrás de una cuchilla y una flor de mandrágora. Los perros y los gatos. Y esas tres o cuatro personas que juegan conmigo en un teatro donde osamos ser y amar la sidra y las estrellas.
Me siento un extraterrestre cuando voy a comprar pan. He vivido dentro de un árbol... los últimos diez años de mi vida. Y los anteriores viví sobre una hoguera que acabó entre la comisaría y el manicomio. No sé qué ojos me dio la datura o cuáles me robó el sistema como la apoteosis de la pedrada y el vete a tomar por el culo.
Y del amor.. me creció una bestia nihilista... que hace de los sentimientos LSD y mircromina en la vagina de la luna.
Y de la amistad, una jauría de perros.
Y de la familia, mi pequeño esperpento enamorado dando vueltas sobre lanzas bañadas con tejo hacia Mercurio.
Todo es muy raro, sobretodo cuando se pierde la rareza.
Incognoscibles los vivos y los muertos.
Y todos los paises que no han caido por su propio váter y tirado de la cisterna, son una triste enfermedad que enfea el mundo y la música. Todos sus gobiernos y sus crímenes, es algo que nos debería empujar como al aire que respiramos a la revuelta o a la más evanescente locura.
Mi soledad es mi navío y mi atajo al cementerio... con el canto de los sapitos trayéndome las armónicas

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