HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Estuvo Ernesto y Tilo, y luego esa X. que despejó la muerte y esa otra que yació junto a la jeringuilla en un retrete lleno de pis de Mercurio y sed de abismo intravenoso a la conspiración de los huérfanos.
Y fue Arturo cuando ebrias de ayahuaska surcábamos los mares de la locura convertidas en éter y en asesinato. Luego fue K. y su insolubre cadáver en el horizonte y en la pisada...  y aquellos otros que vendimos su nombre y su historia a un camarero yonki que le gustaba ponerse con el heavy y con las esquelas para deshacer el hechizo de la zorra cultura en el aquelarre de los barracones.
Todos fueron fracaso.
Todos dejaron sangre en el bolígrafo y semen desahuciado en el tren que cantaba la URSS cuando el capitalismo mataba a todos los héroes, cuando los billetes sólo llevaban al infierno.

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