HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Fueron muchos inviernos, con la tierra de tus uñas, desconchando el alba en una persiana de melancolía y óxido de caminos acuchillados en el canto de los cuervos.
Arrastrando el anacoluto de bar en bar y pagando con tu cartera, el plenilunio que acusaba el suicidio de la musa en tu cuarto de baño, con tus cuerdas y tus dedos, con la gravedad de tu petricor y de tu distancia.
Hoy ya nada de eso importa. No ha habido supervivientes.
Se abre el abrigo el fantasma dentro de la armadura de un poema. Estira la luna en los huesos desenterrados de un viaje sin tripulantes a la profundidad de las despedidas, con esas curvas de pólvora, rondándote el mediodía de los diarios amasacrados. Cuando alguien abre los ojos y mastica la carne cruda de un resplandor invicto. Yo borré los detalles, esa noche junto a ese borracho saltando los capós de los coches como si fuera a desaparecer para siempre la milonga. 
Luego los golpes y el exceso.. de palabras-soldadura, de palabras-amputación. De collage de vidas ajenas apretando el gatillo.  Cuando tus álamos lloran derramados sobre mi cabeza. Cuando no puedo irme ni quedarme. Y tu vida desarma en mi soliloquio la anchura de la mar.

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