HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Fueron muchos papeles borrados en el interior del fuego. Con el ortopédico reclamo de una amnesia que nunca llegó. Al bajar las escaleras de tu casa, con ese monstruo dentro de los ojos, llegado por el sonido de tus dedos en la hierba, cuando me pegaba a tu costado como una carta suicida que nunca nadie lee. Al prescindir otra vez de lo que robé del cielo en la inclinación de la guarida sobre tus armas. Pensar "será la última vez". Convencerme de que ya está, no volverá el desamparo a comprarle baratijas a tus impostores. Con esa mueca de montaña que se cae encima, lavando el perfume con ginebra entre los teloneros de una estación.

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