HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Fuimos jodidamente humanos.. hasta los cadáveres del sena reflotando por la tráquea.
Lo fui hasta desear tu muerte amarrada en mis brazos, con la cacofonía de los valles amasacrados malvendiendo tu belleza a la lanza del ocaso, hundiendo en mis huesos, el hambre del sur, hasta vomitarme como un líquen en la caliza, aullando la nada y las vueltas de campana debajo de las tumbas.
Lo fui hasta el extremo de los rencores.
Hasta los fuegos de san telmo en los ojos de la cucaracha que escribió por ti y por mí la letanía.
Lo fui hasta el delirio de la sosa cáustica y el peyote comiendo en la tripa de las ballenas tus malditos poemas de ese amor de putas y de traficantes.
Fui romántica hasta la putrefacción de la carne en la daga de la cigüeña ensangrentando tu alcoba y tus bares con el robo a mano armada de la retórica devuelta en tu vestido blanco como la sangre de un suicida.
Me entregué a muchos vicios con el equilibrismo de las guillotinas bajo el sol, destazando cuellos burgueses cuando se morían de hambre los barracones.
Lo fuimos hasta comprender que somos sólo un calambre metafísico de un teatro del que nada puede escapar, sino el Saber, pero el Saber reproduce insaciables teatros con cada uno de sus versos. Y crece el Fractal y el espanto y el paraiso, debajo de los tilos, contigo ebria de coñac y de semen, cuando tu muerte es el único camino de la literatura.

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