HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ha salido el sol... aunque el cielo está nublado. Se encharcan tus postales... de sueños desvencijados empujando cuervos por la chimenea. Secando la voz en papel de calco y clavando espinas donde tus flores son la casa de mis muertos.
Se irá. También se irá.
No penes lo que es del fuego.
No lamentes la morada destruida. Fuimos viento. Intento de amanita. Luz invicta entre los venenos y los faros. Y cuando tus labios cerraron en los mios los subterfugios de marzo tragué para dentro ese libros de las aristas. Te abracé ocultándote mi desesperación. Como una matrona del desvelo. Cuidé tu abismo del mio. Y en los bares los camareros muertos de frío si habían podido mirar lo que allí abajo hicimos con el vacío y con las navajas. Y les dije a ellos lo que no pude decirte bajo la lluvia. A nadie le importó el secuestro de los domingos suicidas entre sombreros de paja y pisotones de estiércol en el corazón de las musas. No podía importar a nadie, porque el teatro no nos dejaba detenernos. Y el amor amotinado quería sus víctimas para dejar en paz a la raja del cielo y de la muerte.

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