HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ha sido el quebranto de tu abrazo de luna, en el sepulto de los charcos, cuando esa voz seguía en los escombros de la página buscando una explicación que perdonara al cuchillo, para salvar la crucifixión de las estrellas en los huecos desangrados de lo marmóreo de tu alma atada a la mía por las cumbres del espanto. 
Y no lo tuve, de la poesía, ni del cementerio. No fue nunca en la palabra. No cicatrizó en lo posible. Tuvo que ejercerse en el caos de la mar, cuando la materia inerte sucumbe las tijeras del petricor y no vuelve la luz ni la esperanza.
Te quedaste muerto en el grito del poema, desde el pozo de los suicidas románticos, echando absenta a la luna suicidada, a los sueños pulverizados en los posos de vino que transparentan libros descatalogados donde nunca se recuerda el mullir de la muerte entre nuestros labios.

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