HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hace frío. La casa cruje sus huecos. El paisaje ronronea quillas en la inclinación de tu mirada, donde se llega el olvido y la ausencia. Todo empieza despacio... soplado en el expresionismo de las palabras... la quietud de la helada parece soltar lanzas hacia el cielo, regurgir tu voz de los candados y expulsar muecas de óleo que el silente amamanta donde nunca hemos estado.
Todavía estoy callada. El pensamiento se evapora. Hay unos abrazos de hielo en algún lugar de las distancias. Una neurosis de lo inefable en los hocicos del monte croando el sueño de la nieve.
La soledad hechicera se saca los trapos y el corazón.
Vuelvo a cierta guerra para afirmar el centro de las hogueras en los cauces, sobretodo en aquellos que bajo la sombra de la pérdida eligieron el canto del naufragio.

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