HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Han sido muchas desventuras con el aullido del vino penetrando el éxodo de tu casa desarmada en los picos de los cuervos. Han sido, más de cien caminos que se perdieron en la profundidad del olvido cuando golpeaba Alicia tu crematorio desde mi pecho. 
Y hoy, donde el frío ordeña las llagas de la tierra usando la salvia y la hoz, te doy por perdido. Borro las epístolas, las líneas de la mano del whisky en el llanto caduco del rayo y de la helada. Lo dejo marchar todo porque también me subo a las despedidas que conocen las canciones y la inexistencia. Porque a la medianoche en esa vereda, nadie espera una palabra que nos devuelva el equilibrio sobre lo abisal. Me seco los vestidos en los andenes que alguna vez en tu infierno levantaron barcos con suspiros de colibrí y cruzamos desangradas en tus besos, la gravedad de las tumbas cuando purgan como bestias el viento de los lirios y dan vueltas de soga, en tu letra, amputando acá la estación, crucificando mi nostalgia en los vinos que dejaste endeudados en mi exilio.

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