HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hay mucha niebla. La ciudad es más bella por la noche, sobretodo cuando hay niebla. La noche la vuelve el vértigo de un piano en una botella de ginebra. El día reune demasiados virus del civismo y fealdad. Pero por la noche es parda la música del callejón y todos los desventurados que mordemos vides.
He ido a correr con el perro. Al pasar por un cubo de la basura, había unos inmensos cartones, como que guardaban grandes armarios o neveras o cosas muy grandes. Y sentí un fetichismo por los cartones. Me gustan las cajas de cartón, me huelen a pigmento de óleo, a secreto de lo nómada. Además son artesanía. Como sólo tenía una mano libre, cogí sólo una de esas cajas para el perro. Al entrar por la puerta le dije a X. "ven, ven, mira qué cartón más bueno he traido de la basura y había muchos más muy bonitos" y me dijo "¿por quién me has tomado? para qué voy yo a querer ir a ver un cartón, llama a Y. y vais con su camión y los traéis todos a casa"
Ahora tengo que irme, he quedado en media hora, tardaré 15 minutos en llegar, y tengo que ducharme y cambiarme de ropa. Aunque cuando quedo con Z. siempre llegamos los dos tarde, yo creo que calculamos que el otro se retrasa un cuarto de hora y nos retrasamos los dos, y al final llegamos casi a la vez.
Me apetece un poco de vino tinto. Una canción entre la niebla. Un poco de la dulzura e intemperie del teatro y esa almohada del desencanto, haciéndonos cínicos y vagabundos,despotricando humor de sapos y de rocas, ternura de medusas y estrellas de mar, con una autopista quemada en la tráquea, con un sueño imposible en la raja de la noche.

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