HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hay nieve en el monte... como una dádiva, la belleza, aunque hay muy poca, lo suficiente para celebrar una inmensidad de palabras borradas en el disparo de tu voz sobre el viento. Está nevando despacio, con la mística de algún gramófono.
Me despertó Kavka con sus ladridos y sus ganas de jugar, su reclamo a la avalancha de un nuevo día. Estaba soñando con una casa.. allí vivían unos amigos, pero yo ya conocía esa casa, en otro sueño en el que alguna vez viví allí. Era una casa preciosa, con muchas galerías y mesas y sillas y armarios muy grandes y suelo de madera. La casa era inmensa. Y yo les decía que cuando yo viví allí esa puerta estaba abierta y para llegar al otro lado y volver se tardaban 40 minutos.
Me he despertado con la urgencia de nutrir el pensamiento en el fuera de campo, en los momentos en los que no escribo. En recuperar el soliloquio con la sinergia y los dedos de la naturaleza en mis dedos.
Hallar algún destino que haga de esponja y de amor, aunque no dure mucho. Una pasión que brote lirios en las cunetas. Que profundice la materia del silencio en las pisadas de barro de las aves peregrinas. Un motivo para vivir como una jauría y la vehemencia. Una erosión de la felicidad aunque hayan desaparecido tantos almanaques.

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