HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hay una agitación en la inefabilidad de las bifurcaciones de la huella cuando ladran los ciervos. Cuando es sed en tu vaso y han caido encima cuatro marzos con el canibalismo de los poemas inquisidores del helio que borraron tu rostro de mis ruinas, de mi mano abierta por la bala del mar, aguantando en la nada la equidad de aquél beso de todos los muertos en tu alcoba.
Cada vez estoy más lejos, más sola de la humanidad, más húmeda del salitre de los maizales en las grutas del dadá. Con un alma cosida a navajazos a la vehemencia de la mar y del vacío. Cuando sólo los perros sostienen la mirada y los fuegos de san telmo traen noticias de tu exilio sin que ya nunca más te reconozca entre los otros.

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