HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hay una luz muy bella, agónica pero que resplandece la mandrágora, como si las montañas estuvieran soltándose los botones y a punto de levantarse jauría y pompas de barcos corsarios en el fin de tu alfabeto, cuando se me cae Marzo en el hueco de tu cama y me pegas hacia ti como un libro dentro de las llamas, con el murmullo de los que se van... dislocando en mis costillas aquellas muñecas de esparto con las que engañábamos a la ausencia. Jugando a esos cascajos de ruleta rusa cuando entraba la luna en tus lapiceros... y mis futuros sólo eran pájaros zambulléndose a la mar para olvidar las jaulas y verdugos de la tierra.
Cuando abrir la boca era vomitar mariposas de humo atadas a lo sombrío de un callejón que seseó en tus almanaques esa merca ambulante del soliloquio de mis insectos cuando quemaba el asfalto lo que tu diario ultrajó de los infiernos. Y esa voz de tren de madera cuando jugábamos a saltar sobre la luna, perduró trayéndote como monzón a mis noches heladas, cuando el rosal gemía las historias proscritas de aquellos zancos sobre el río... doblando juncos en el desvelo que otros cuidaban junto a la lumbre de algún abril que te devolviera por error a mi vida.

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