HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hay zonas de escarcha bajo la sombra. El cielo está completamente azul.
Ya conocimos todos los cuentos patateros y delirantes de la afilada de luna y de la muerte. Alguna vez fuimos captores de su infamia y de su atropello. Alguna vez todos los personajes ebrios del teatro y de la milonga. Lija de guijarro en tus labios de heroina. Cuentos para no dormir, acuchillando a tus monstruos en la zorra literatura.
Fuimos todas las trampas del verso y de la carne.
Osamos todas las posibilidades de nuestro esperpento y terror.
Jugamos a ser putas y cabaretistas, Franquestein y perros. Jugamos a devolver al ladrón su justicia de tierra de nadie. Jugamos a ser damas y cuchillas de la herrumbre, en la desdeñada retórica del circo de los sentimientos.
Juré con un cuchillo en mi cuello amor eterno al lago y a la Osa Mayor.
Juré al cuchillo un cuello infinito en tus escombros.

Todo era fantoche.
Todo era el intento de un yo por tener una casa.
Pero el yo está condenado al éter.
La casa al fuego.
El amor al engaño, la excepción de un hombre, entre la multitud y el rizoma, está destinado a devorarse por la hoguera como honra con la mar. 

Es una gran mentira... el afecto, sin ser pájaros y cucarachas.
Sobretodo el monogámico. Ese está herido de cicuta, por la cobardía de la necesidad. 

Yo me dejé muchas vidas en la cara o cruz de la noche. Me volé la cabeza sobre ese pecho. Y creí, estúpidamente que fue lo más bello y lo más puro de mi vida. Le di mis gusanos y las vocales de mi sepultura. Le di lo que le robé a los camareros. Y todo era, un pasadizo de una obra literaria destinada al alzar del fracaso.
Ni un poema quedó intacto. Ni un latido... atado al manantial. Todos al animalario y al hacha. Todos con las pulgas y con los vendedores de humo.

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