HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado con Kavka.. en unos prados que le pude soltar y ha estado haciendo carreras en círculo como si quiera enjaular a alguna oveja del éter. Me he metido por unos prados desarreglados llenos de maleza y tierra, esos lugares que me recuerdan el fracaso de la civilización y a esa sensación de metal encapotado en lo desértico de una noche de armas y que son los que siempre elijo en las ciudades. Ha sido bello sentir la llegada de la noche... en esa intimidad del olvido que al lado de un perro se vuelve una inmensidad. He estado un poco, entrenando para que acuda la llamada. Y jugando con él.... cuando le aullo, se llena de alegría y vehemencia y me reconoce en las manos abiertas del barro. No pensaba en nada cuando estaba allí. Hubo un tiempo que caminaba siempre oyendo la obsesión de mi escritura, del grito de la existencia, de la búsqueda y el verbo de la belleza y la lucha del Ser. Pero ahora soy también como las ancianas que miran la lluvia tras un cristal.  Como los viejos marineros que se sientan en un antro con una jarra de vino y miran a la nada. Camino siempre entre el fracaso y una rara mística de naturaleza entregada y pobre, encinta de viento. 
Antes, durante un tiempo, casi tres años, tuve un trabajo. Luego estaban los abuelos. Había algo que me expulsaba de la escritura, me imponía un horario, una responsabilidad. Hubo un tiempo que unos cuantos amigos me llamaban casi todos los días para el vino y las estrellas. Y estaba K. y otros. Y unas historias antipsiquiatría. Luego todo se fue muriendo y sustituyendo por la profundidad de la mar y el etanol de los que no tienen nada.  
Dejé de sentir interés en la seducción y en la fe de un alguien que forme verdaderamente parte del precipicio de la nitroglicerina en mi vida.  Y se hizo una urdimbre de anacronismo y azotes de luna llena en el ardor de la deriva.

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