HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado corriendo con el perro y el gato por debajo de la mesa y salté demasiado y me ha salido un chinchón. Luego puse música, abrí otra cerveza, perdí tu razón y me quedé mucho mejor. Estaba harta de lo marmóreo de tus ojos viniéndome de botiquín y de rosario. 
Tú que tan delicado con los desechos. Que tan de pies puntillas. Que tanto te jodía el grito desnudo, al tímpano de ese callejón.
Y yo con las paredes rotas, me emperré al ladrido distópico de tus granulados de tumba a viva voz, cuando las palas sacan demasiados muertos de las estatuas que abrillantó el s.XXI. en vano, todo fue en vano amor, por eso sólo la llevaba el vagabundo que meaba absenta y lienzos roidos de un Paris suicidado en el fondo del río. Cuando tú tan jaula, tan colada y deterioro, me creiste tu mujer y las sábanas llenas de veneno nos devolvieron a cada cual a su noche puta. Y tú, corrompido de mi teclado, te hiciste entonces perfume de la dialéctica que hoy me acusa desde la nada.

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