HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado dando un paseo a Kavka. Lo he soltado en unos prados que pertenecen a una urbanización medio abandonada nacida de esas corrupciones de la construcción. Y ha estado corriendo embravecido y feliz, libre. He sido feliz de tenerlo cerca. De caminar a su lado, mientras el cielo abre un agujero de carcoma donde diciembre te ha olvidado para siempre en un naufragio que fue trampa y naipe de algún suelo resquebrajado de tu estación desmembrada en esa margarita de etanol.
Hoy todo es medio absurdo de ese papel quemado en tus labios... esculpiendo la morada de los  volados por los aires. Busco la escritura entre el hollín de los paisanajes invictos de tus brasas. Para mí es raro estar en la ciudad... separarme de las montañas y del aislamiento utópico de esas imágenes que no se radiografían nunca en tu casa. Es rara la tierra contigo muerto en mis sueños. Sin esa metáfora que iba a robar a tu cuerpo la continuidad de los funambulistas anegados por el viento, con esas espadas oceánicas alzando la voz y la música, donde no quedaba nada. Ahora la nada es la nada. El olvido es el olvido. Contigo desapareció la trampa de vida entre sepultos. Empecé a llamar a las cosas por su nombre de monzón y de desierto y me acariciaron así perpendiculares de su despedida. Con el hueco no resuelto, no vendido a la literatura.

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