HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado en un parque con Kavka. Había niebla, daba la sensación de que el alba se había detenido en un pájaro de papel. No había mucha gente por la calle y solté al perro para que corriera, es una criatura mágica, me ha devuelto algo muy profundo en mis sentimientos, ha arrancado la arista de la soledad, ya no me siento desolada, cuando viene la tristeza, es una tristeza perruna, entre zarzas y maleza, entre sueños de monte y tempestad.
Ya no hace casi frío. Estamos jodiendo el planeta. Recuerdo los inviernos de mi infancia, siempre llenos de nieve, y a veces ver los ríos congelados. Caminar con la sensación de que el frío cortaba la voz. Con pasamontañas. Con guantes. A veces el termómetro de la farmacia del pueblo llegó a marcar 20º bajo 0. Y ahora el humo del capitalismo nos ha robado el invierno. En ésta casa no hay calefacción y anoche se me derramaron las mantas y me quedé sólo con una y no pasé frío.  Ando sólo con una sudadera.. ya no necesito ponerme los guantes con los dedos cortados para escribir ni el abrigo y dos pantalones. Lo que más me duele es que ya casi nunca nieva. En mi infancia, en los inviernos caían dos o tres nevadas fuertes, se mantenía la nieve en la calle desde diciembre hasta marzo. Se cortaban las carreteras, se cerraban las escuelas, mi padre no iba a la mina a trabajar.  Era raro una nochevieja sin nieve. Ahora el mundo es más feo. Hay menos mariposas y libélulas y abejas y menos pájaros y menos lobos y ciervos y truchas y ballenas. Y demasiados asquerosos capitalistas. 
De niños saltábamos desde la ventana del piso de arriba a la calle y nos mullía la nevada. Yo era feliz en éstas fechas, no por el rollo navideño, sino porque no tenia escuela y celebraba la nieve. Amo el frío... porque devuelve el éxtasis, me calma el dolor existencialista. Por eso cuando estoy en la mar en invierno entro a nadar y aunque sólo aguante 5 minutos en el agua, me siento profundamente libre y sana y viva.
Recuerdo que en mi última psicosis, allá por diciembre de 2008. me bañaba con agua fría en mi casa, como un ritual de esquimales y electroduendes.. como si el frío me devolviera la vida ante aquellas alucinaciones del espanto. Aquél invierno sí nevó. Iba al bosque a hablar con esas criaturas que nadie veía sino yo. Y me abrazaba muy hondo a la nieve, como si me vinieran recuerdos de hace diez siglos.

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