HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado escribiendo en un cuaderno. Perfilando la atracción de ciertos escombros y calles anegadas por el moho de las flores cuando en tu casa se derriten los muñecos de nieve sentados en tu váter.
Tengo que profundizar la introspección y navegar los momentos de la náusea y del vacío, donde los grillos recuerden tus objetos personales, sucios de semen y de luna, cayéndose por los balcones, sin la afectación del romanticismo.
Hay algo que siempre me encañona desde el abismo y también una nana de marihuana y de pájaros que me devuelve a la vida.
Soy eclíptica. Soy la muerte de un tarot, la carta suicida destintada en tu mano de hielo. La múltiple identidad procura el rizoma y su tormento en la pelea por el humus de la palabra bajo la quilla y al extremo de la navaja con la que hiciste subir al cartero a aquél tren de todas nuestras muertes.
Cada despedida mató dentro a una bailarina de cera y trajo la esperanza de un gorrión.
Hoy vivo asomada al libro descatalogado sobre tu sexo trayendo el alcohol del invierno a la cuneta de mis desengaños. Hoy no queda casi nada. El fino hilo de éter metiéndose por tu rendija, por tu cubismo, por tu espanto, dándome algo en tu nombre que no ha pertenecido nunca a nuestra vida.
Ya no sé nada del amor. Me sabe a algo obsceno, a una especie de traición al lobo y a la luz del desierto, algo que no calza en mi corazón ni en mi fragilidad, porque en algún lugar de mis suburbios me hice a mí misma desde el aborto y el cadáver del imposible atado en mi corazón, con su olor a podrido perforando mi canto y mi boca hasta el extremo de alguna ausencia con la que desposamos los poemas tristes.
Hoy sólo sé de perros y gatos. De talones de aquiles pegados a la vulva de la muerte. Y levanto la fortaleza de mis ruinas en la abrasión de las urracas y de las infidelidades.  Vivo en un mundo paralelo obsesionado por las metáforas y el cerebro de los espectros amaestrando mi espanto y mi salto al vacío.
Ya no pretendo en el mundo material, si acaso un vino y una canción. Pero huyo con el acto, a las legañas de la luna, lo perpetro donde nunca has nacido ni yo he tenido que echar palas de tierra sobre tus cartas.

1 comentario:

  1. mortales juegos de azar sin ambiciones programadas!
    Excelente!
    Besos.

    ResponderEliminar