HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado escribiendo un poco en el cuaderno. Sé que a veces vivo en un kaos. El verbo se despedaza antes de asirse a mi pobreza. Hay un corte transversal entre la piel y el aire. Una angustia del síndrome de diógenes (no me gusta esta terminación porque Diógenes era todo lo contrario a acumular, los que acumulan mierda son los capitalistas).
Siento que el poema se me acuchilla en el vientre y la palabra no lo expulsa. Una fiebre que se desobedece en lo expresionada, un desencaje del centro, una mezcla de irregularidades que no se molestan en fijar el nombre ni la hoguera.
Mientras sigo tratando de moldear las palabras para que lleguen a lo que verdaderamente siento. Con una estructura antiliteraria, con un despensario de fracturas que anegan en la sombra de la melancolía un grito.
No todos los momentos son de la rabia ni de la inspiración. A ello se llega a través de la conciencia. A veces me despierto en los abrazos del cuervo. Y hay demasiada soledad espía del abandono. Como golpear el ansia de mandarlo todo a la mierda mientras el pico de un gorrión es excesivamente desamparado en tu casa de cartón. Yo lo subo encima de mí. Lo llevo por la elaboración de lo ausente como si hubiera sido su madre. Mientras me abandona el otro lado de la calle. Me hiere conocer la historia y haber tenido nombre en tus labios.

No hay comentarios:

Publicar un comentario