HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado fregando la cocina y unas habitaciones, tirando la basura. Y mientras pensaba que había hecho de la vida algo residual al poema, algo casi inexistido. Y luego estuve cantando una canción. Y sentí una magia, un instante presente, recien nacido, desarmado pero con la pasión, sin miedo, un fluir, un entregarse.. como las semillas de los árboles, como los alaridos animales.
Es importante.. que ame alguna vida que no tenga  qué ver con la escritura. Que algo me mantenga con vida sin la vinculación de la escritura, pero no un sobrevivir, sino un VIVIR, un zafarrancharse, un amar. Como cuando juego con el perro. Como cuando nadaba en la mar.
Por eso quise limpiar un poco la casa, conectar con un espacio, con una alfarería. Hace unos meses no me importaba para nada que la casa se cayera a pedazos ni que todo fuera desorbitado por la deriva. Yo estaba obsesionada con las metáforas, con el acto de la escritura y el mundo del éter.., y cuando no escribía me autodestruía, me volvía un paramecio, me dejaba morir, para luego volver a resucitar en la escritura. Todo era escritura. Y me había desvinculado del todo de la vida exterior, era un accidente, no era un motivo. Era un recurso poético. Pero yo no le daba mi corazón. Y eso es algo enfermizo, obseso, y acaba descubriendo los monstruos de la desesperación y del infierno y atormentándolos en el alma. Como de pronto abrir los ojos y ver que todo ha sido quimera  y que no queda ningún pez en mi río. Algo que me acabará llevando con atajos a la muerte, como no vuelva a ser como un chimpancé y la lluvia, en la naturaleza. Aunque ya no tenga casi nada qué ver con la sociedad.... tengo qué tener algo que amar en la tierra.... tengo que volver a la intemperie y ser libre allí.
Pasaba días sin salir de casa. Me evadía de todo con la escritura. Y fuera mantenía un yo, muy raro. Un yo-niña con mi familia. Un yo-esquizovagabundo con la gente del vino.  Un yo que rompe juncos, como una droga, como un charco evaporado. Un yo evasivo del yo de mi escritura.. o un yo exibicionista y roto.. Como si por el sólo hecho de salir de mi soledad me convirtiera en un accidente sin todo el corazón, sino un teatro. Algo que luego vampíricamente exorcizaba mi escritura. Y todo eso es algo perturbante.
Antes ni siquiera me importaba. No era consciente de esto. Yo iba de una lado a otro en la cresta del fuego y del fango. Y pensaba que siempre tendría que ser así... el éter del poema y el teatro.
Pero hoy quiero Vivir. Quiero destruir las máscaras de la escritura. Aunque sólo sé hacerlo escribiendo. Quiero tener una casa, aunque sea ambulante. Quiero pertenecer a un sueño que pueda tocar, labrar, esculpir y reproducir. Quiero tener una vida que no sea destruida y prostituida por mi escritura. Sino que vayan de la mano. Que se den a la vez y que alguna de ellas duerma y ronque y la otra protega a las estrellas y luego del revés. Estoy cansada de vivir con un agujero de gusano de las antagonias y la fractura de la unidad en esquizofrénicos rizomas independientes y raros. Peleando siempre contra monstruos y gigantes.. que soy yo misma. Clavando cuchillos a supuestos enemigos, cuando el que sangra es siempre mi cuerpo. Yo soy la víctima y la asesina. Porque vivo en la multitud y en la divergencia. Y esto es lo que tengo que solucionar.. a través del espacio vacío, el silencio, y el amor de la sinergia. Ganando otra capa de conciencia de la cuántica.

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