HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado fregando los platos y un poco el suelo. Luego he estado jugando con el perro y el gato, y es fascinante verlos juntos, el perro se sube encima del gato y del revés, se lanzan las patas y juntan sus hocicos, se persiguen y juegan a la caza por el pasillo. Kafka a veces da unos ladridos que se oyen en todo el vecindario y el gato se eriza y se muerden. 
Ahora viene un silente de cangrejos ermitaños, de lunares de Venus donde tus gramófonos acusan en las constelaciones el buzón rasurado de las hogueras. Y a tu lado, perpendiculares de libros que levitan la soledad de los sanatorios evocan collage de carbón y de ramas de tejo cuando me abres la casa como una taberna compulsa en la curva de la deriva, en la huelga del tiempo y del horizonte, empapados por luciérnagas que ensilaron en el valle lo insolubre de ese grito sobre tus rodillas, haciendo barcos con las sombras.

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