HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado jugando con Kavka. El día 16 le pondré las vacunas y ya podrá salir a la calle. Tengo ya ganas de que nos avalanchemos donde nos han olvidado tantos pájaros amnésicos de migraciones con la patria ahorcada por el fuego de los peces. Le quise mucho. Los poemas lo dijeron todo, todo lo tragaron y lo repartieron entre las brechas y la vagabundia. Mojaron la sal y el abismo en barcos de cartón, bebiendo de las orillas una morada que vomitaba vencejos a todos los papeles que quisieron dos apellidos y un motivo, y extravagantes se pasaron con la sed y el delirio de saltar antes de que nos amortigüe un verbo la senda de la nada.
No tengo fe en un dios, ni en una obra, ni en el amor, ni sólo en el nihilismo. Soy como una caja de zapatos dando de comer a los cocodrilos. Como mi propia desaparición escribiendo la de volver en la arena y tomándose por su cuenta tu esperanza y tu vicio, echándolo a la insolvencia del viento.
Trato de no pensar en esa PI, para mantener las ganas de vivir y el sueño de los pirómanos. Maquillo con montañas las ahogadas rosas en la fiebre de tu perdición. Sigo aquí, por desacato más que por posibilidad. Con nenúfares paleozoicos en la epístola grapada de tu eternidad en el cadáver de mis carneros.

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