HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado pintando. Escribí un poco en el cuaderno. Me pregunté por las preguntas que hoy no me obligaron. Por los rostros que desaparecieron en la sombra de las hierbas. Me eché un poco de vino y de noche sin sonidos. De angustia abierta en canal sobre el azar de las polillas. Fugacidad de caprichos desvencijados cuando no existen los significados. Cuando la casa pone en la mesa, meses de pérdidas y letanías que no zanjó la mar. 
Y estuve sufriéndome con armaduras de gargantas anegadas en la memoria de la nieve. Cuando no me siento hambrienta de la escritura, el mundo es un lugar hostil, una especie de crematorio de hachazos de gas y explosiones de la distancia, en el taladrar del grito de las tumbas. Y ahora sigo en este proceso de fuga, entre la belleza de la noche y el desarraigo. Entre el poso del cuchillo y el corazón que espera abrir tus manos cuando los caminos desaparecen.

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