HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado separada de la escritura, de la cicatriz de tus ojos, del grito del fondo de la tierra. Algo me falta para la conexión. Algo de mí misma, de mi conciencia, del fuego en la relación con el paisaje y con la ausencia. Algo que ha de evitar la evasión y el ronquido del vacío y del polvo.
Antes mi escritura era casi todo el tiempo. Ahora hay zonas de desierto en mis horas que me golpean sobre un grito. A veces, abandono la escritura. Lo hago con angustia. Lo hago con síndrome. Lo hago con una náusea que me rinde y me enfrenta a la pupila de la nada. Mientras una atmósfera escala la sangre de la vid y algo en mi interior no se exorciza. No se armoniza con el espacio ni con su exilio. Eso me atormente. Y la única forma de revertirlo es devolverla las palabras que le faltan. Escribir aunque tenga pavor a la escritura en ese momento. Abrir el camino a la metáfora, aunque al principio duela.
Ya es del todo de noche.
Te has caido un recuerdo destruido en los tintes de nieve. Algo me hostiga un moratón en la mirada que campear tu valle lleno de muertos tecleando una maquinaria que me obsesa la lluvia donde abro la mano y no puedo tocar ni el verbo ni esa infidelidad de la palabra.
Son viajes cíclicos. Son pequeñas muertes latifundistas de aquél tango rondándote el umbral de gasolina. 
El caos en la soledad es más poderoso. El nihilismo a veces asesina el tema de la escritura. Todo me parece un ojo de golondrina atormentado en tu oscuridad. Mi sentimiento es un chivo expiatorio. Me mantengo en los dedos de la sepulturera hablando de la trashumancia de algún cardinal en el aquelarre de los que nunca han tenido nada en la tierra.
Me llego y me expulso.
Creo tocar una canción. Pero luego tengo que estar empujando ratas por la escayola.
Busco instintivamente el poema. El poema que nunca llega. Cuando elijo estas palabras, estoy destruyendo muchas canciones. Cada palabra es el asesinato a otra palabra. Tengo el tatuado de un supuesto Ideal en la helada negra mordiendo mis dedos mientras tecleo. Eso me hace actuar con dictadura con mi pobreza. Estoy sola, dos noches devoradas en el picotear de una breva entre los cuervos. Hay mucha información que censuro.
Si me releyera comprendería que es un desquicio el impulso de la memoria devorada por el poema. Los hechos sólo son polvo de las transformaciones. Lejos de aquí no soy nadie. Aquí, hablo con la nada. Miento. Miento porque conozco las palabras. Porque no me quedé en tus ojos. Porque destruí a todas aquellas que desangré en tu cama. Porque siempre busqué el fuego de la antagonia. 
Paso demasiado tiempo sola. La papiroflexia abusó de tus pirómanos. Tu voz no lo quería contar todo porque eso sería perpetrar también su muerte. Todo lo nombrado cruzó el infierno. Pagó con sangre la pasión de acuchillar en la tráquea la sombra del cielo. Expuso. Sustrajo. Transformó al rayo, a la tierra, al polvo y la sinergia. Se quedó como una tumba abierta. Llegar al extremo es quedarse desnudos y de rodillas en el río del olvido. Oir la nada hasta enloquecer los cipreses en el agujero del corazón.. Darse la vuelta en el crujido de las brasas. Bracear el engaño de la primera persona y dar de comer a la luna con el imbatible accidente de ser.

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