HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He llegado ahora a casa.  He andado con el perro por ahí, pero es rara la ciudad, no es un sitio para perros, ni para venados, ni libélulas, ni para la felicidad. Aunque hay por ahí sus islas, alejándose, dejando atrás el asfalto. Me he encontrado con un tipo que me saludó afectuoso por mi nombre, iba vestido desarrapadamente como yo, le dije tio perdona pero no me acuerdo quién eres, y me dijo, sí que estuvimos juntos con Ralero en un taller. Y no tenía ni idea de quién era Ralero. Pero me empezó a sonar la cara de ese chico, su tono de voz de exfumador de heroina, sus ojos puros y buenos y salvajes,  su gesto de alguien que no tiene nada qué ver con la sociedad y que anda siempre advenedizo, a vuelta de todo, sin patria y sin porvenir pero flotante y con alas sobre el olvido y el fango Luego de hablar un rato, me pidió dos euros, pero no tenía ni una moneda. Me dijo que ahora estaba en el hospital psiquiátrico en  no sé qué unidad de rehabilitación y cura definitiva. Me hizo gracia eso de la cura definitiva.

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